MARÍA, VIDA, DULZURA Y ESPERANZA NUESTRA (DÍA 10)

 

Vida, dulzura y esperanza nuestra | Blessed mother mary, Mary and ...

MARÍA, VIDA, DULZURA Y ESPERANZA NUESTRA

El Papa ha añadido a las letanías del Rosario una nueva invocación a María como “Madre de Esperanza”. La esperanza es la más pequeña y la más fuerte de las virtudes. No es optimismo sino certeza de que no estamos solos, Dios camina con nosotros y con Dios siempre hay esperanza. Queremos que María nos enseñe que la verdadera esperanza es activa y nos lleva al compromiso, no es cruzarse de brazos para esperar que Dios lo haga todo.

 

REFLEXIÓN

 

Por: Sr. Cura Luis Martín Castañeda Romo

Estas palabras de la oración de “La Salve”, nos muestran a María como Evangelio vivido y ofrecido silenciosamente a sus hijos. María es quien ha encarnado en su vida de la manera más perfecta el evangelio; es la más perfecta discípula de Cristo, y ha sido la persona que estuvo y estará más cerca de Cristo, que mejor lo ha conocido y lo conocerá. La cristianización que se logra desde María, sin apartarla, es la más hermosa, profunda y durable cristianización que se pueda lograr.

El Evangelio muestra el programa de su vida: no ponerse a sí misma en el centro, sino dejar espacio a Dios, a quien encuentra tanto en la oración como en el servicio al prójimo; sólo entonces el mundo se hace bueno. María es grande precisamente porque quiere enaltecer a Dios en lugar de a sí misma. La Palabra de Dios es verdaderamente su propia casa, de la cual sale y entra con toda naturalidad. Habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se convierte en palabra suya, y su palabra nace de la Palabra de Dios. Así se pone de manifiesto que sus pensamientos están en sintonía con el pensamiento de Dios, que su querer es un querer con Dios.

María es dulzura, es una mujer que ama: no quiere ser sino la sierva del Señor (cf. Lc 1, 38. 48). Sabe que contribuye a la salvación del mundo, no con una obra suya, sino sólo poniéndose plenamente a disposición de la iniciativa de Dios. Lo intuimos en sus gestos silenciosos que nos narran los relatos evangélicos de la infancia. Lo vemos en la delicadeza con la que en Caná se percata de la necesidad en la que se encuentran los esposos, y lo hace presente a Jesús. Lo vemos en la humildad con que acepta ser como olvidada en el período de la vida pública de Jesús, sabiendo que el Hijo tiene que fundar ahora una nueva familia y que la hora de la Madre llegará solamente en el momento de la cruz, que será la verdadera hora de Jesús.

Es una mujer de esperanza: sólo porque cree en las promesas de Dios y espera la salvación de Israel, el ángel puede presentarse a ella y llamarla al servicio total de estas promesas. Con un himno, la Iglesia saluda a María, la Madre de Dios, como «estrella del mar». La vida humana es un camino. ¿Hacia qué meta? ¿Cómo encontramos el rumbo? La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía. Y ¿quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su «sí» abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo; Ella que se convirtió en el Arca viviente de la Alianza, en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros, plantó su tienda entre nosotros (cf. Jn 1,14)?

María es aquella que camina con nosotros intercediendo por nuestro nacimiento espiritual, educación y testimonio perseverante hasta el final. La dimensión mariana de nuestra fe, dentro del discipulado y seguimiento del Señor, surge como una respuesta eficiente frente el acecho de la cultura global de la muerte que, figurativamente, busca de atacar a la mujer recién dada a luz y a los otros hijos de ella, es decir los que “guardan los mandamientos de Dios, y mantienen el testimonio de Jesús”. Por lo tanto, la presencia del culto mariano sostiene la esperanza cristiana a lo largo del camino personal, eclesial y colectivo de los creyentes.

Entonces, al proclamar “La Salve”, digamos a María: Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Estrella del mar, brilla sobre nosotros, indícanos y guíanos en nuestro camino hacia el Reino de Dios.

 

LECTURAS DEL QUINCENARIO

 

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías 61, 9-11

La estirpe de los justos será célebre entre las naciones, y sus vástagos, entre los pueblos.

Cuantos los vean reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor. Me alegro en el Señor con toda el alma y me lleno de júbilo en mi Dios, porque me revistió con vestiduras de salvación y me cubrió con un manto de justicia, como el novio que se pone la corona, como la novia que se adorna con sus joyas. Así como la tierra echa sus brotes y el jardín hace germinar lo sembrado en él, así el Señor hará brotar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.

 

SALMO RESPONSORIAL

1 Sam 2,.4-5.6-7

R. Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador.

Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación. R.

Se rompen los arcos de los valientes, mientras los cobardes se ciñen de valor; los hartos se contratan por el pan, mientras los hambrientos engordan; la mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos queda baldía. R.

El Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece. R.

Él levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para hacer que se siente entre príncipes y que herede un trono de gloria. R.

 

EVANGELIO

Del santo evangelio según san Lucas 2, 1-14

En aquel tiempo, salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero.

Éste fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.

También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaba allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.

Y un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.

El ángel les dijo:

«No teman, les anuncio una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Esta es la señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».

De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:

«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor».

Comentarios

  1. Muchas gracias que Dios los bendiga mil gracias por compartir está reflexión

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